domingo, 6 de mayo de 2012

El enemigo silencioso o La verdadera solución, parte II

Llevo ya varios años intentando cultivar. Primero fueron las enredaderas y ahora son las verduras. He tenido que aprender a proteger cada cultivo de sus múltiples enemigos: las plagas, las enfermedades, los gatos, el perro, el olvido. Y eventualmente he perdido las  batallas, ante algo que ni siquiera sabia nombrar; una combinación de factores que de un momento a otro acababan con mi intento.

Por ser ecologista y no gastar mucho, y por flojera de ir a Xochimilco a comprar malla sombra de invernadero, lo que compré para proteger a las plantas del sol fue yute, en la tienda de telas de la esquina. Me costó 10 pesos el metro y nunca sirvió demasiado.

Pero el otro día compré algo más profesional, "Sun screener", o algo así, de una compañía americana que se llama "Easy Gardener". Lo compré en Home Depot, cuesta bastante más que el yute. Compré primero unos cuantos metros, para probar.  Aquí puede verse como colgué dos pedazos, uno para el huerto, otro para la mesa de los convivios:


Ha pasado más de un mes de dicha compra, y estoy absolutamente contento, y hasta azorado, de encontrar la tremenda diferencia que implica para las plantas, un poco de protección ante los rayos ultravioleta.

Aquí se ilustra claramente. Del lado izquierdo, las hojas de menta que ya estaban en esa maceta, antes de la malla. Del lado derecho, las hojas nuevas, mucho más grandes, que nacieron después de instalar la sombra:


No hay nada más que decir.

Proteger.


miércoles, 2 de mayo de 2012

Aruguleros


Este último mes y medio tuvimos visitas en la casa, una pareja y su hija que regresaron a México después de vivir varios años en el extranjero. Me fascinó poder compartir con ellos el disfrute de todo lo que ofrece la Ciudad de México, empezando, y casi sobre todo, con el sabor de sus frutas.

Como ecologista, trato de comprar la fruta en el mercado cercano a mi casa o en el tianguis cercano a mi oficina. Como Ecologista Egoista, no lo hago por sus puestos de trabajo ni por la economía local. Compro ahí porque simple y sencillamente es mucho mejor fruta. Y sí, el trato que recibo es increíblemente humano y agradable, cuando me dan mi pilón, mi higo pa' probarlo, o simplemente me redondean el precio o me regalan fruta, aunque me estén haciendo trampa y me regalen algo que saben que no va a madurar.

Además hay variedad. Es chocante que en Wal Mart sólo exista la fruta que ellos deciden, de lo cual la mayoría tiene una molesta etiquetita USA que se enreda en mi compota, además de ser fruta dura, resistente, decorativa e insospechadamente insípida.

La del tianguis mexicano se pudre rápido, es de temporada, y es deliciosa.

Pero bueno, en el tianguis no hay arúgula (Eruca Vesicaria Sativa), así que como en el caso de la albahaca, tengo que sembrar la mia propia. Sobre todo porque le gusta mucho a mi mujer, y, más aún, porque es la verdura más cara del Walmart.

Este prototipo se lo debo a Youtube. Las semillas, para no variar, al profesor Aguilar, cuyo negocio va viento en popa, y sigue siendo inspiración para ecologistas de cualquier tipo. El me recomendó hacerme de una charola profunda que me sirviera de "lechuguero", y de hecho tener 2, y sembrar una cada mes,  irlas rotando y consumir de cada una alrededor de 60 días antes de que floreen y por ello se amarguen.

No le hice caso con las charolas, pues con las visitas en casa durante este mes nos quedamos sin agua un par de veces, lo que nos llevó a comprar botellones grandes que acaban de reencontrar un uso.

Así que aquí les dejo, junto con mis esperanzas, estos "Aruguleros".  Me encanta el nombre.


Los acompaña, para esta foto, el elefantito, que también fue producto de las visitas, y que es sin duda la mejor manera de regar un huerto urbano en la Ciudad de México. 

martes, 1 de mayo de 2012

Macetas Colgantes

Presento al mundo este prototipo de macetas colgantes. El primer ejemplar que hice fue a partir de un pedazo de mosquitero viejo que hacía las veces de barda en la lucha contra los gatos. El alambrón con el que lo colgué también, formaba parte de una maraña retorcida cuya función era impedir el paso a los -literalmente- cagantes mininos.


Es extremadamente sencillo, y por eso me hace sospechar que raye en lo genial. Ya entusiasmado, compré otro pedazo de mosquitero y fabriqué uno nuevo que está a un lado, esperando que le ponga un forro y tierra.


Sus ventajas me parecen evidentes: No hacen contacto con el suelo, por lo que no hay peligro de humedad. Tienen una gran profundidad, lo que espero que permita crecer a plantas grandes, enredaderas como calabaza o maracuyá. Y casi no ocupan espacio, puesto que cuelgan sobre de un murete que, al estar inclinado, no podía sostener macetas y mucho menos con la cantidad de tierra que tienen estos sacos colgantes.

Aun no he sembrado nada. Estoy esperando que crezcan mis calabazas para trasplantarlas ahí.

Ah y la última gran ventaja es que uno practica sus habilidades de costura.

 Aquí puede apreciarse como funcionan en lugares donde no hay suelo, sino tragaluces.


Eso que está a un lado es un mini invernadero germinador, donde ahora hay varias de mis esperanzas. Lo que allí crezca, lo trasplantaré a la Jardinera Colgante nueva.

domingo, 29 de abril de 2012

Fruta de la Pasión

Voilà la Maracuyá:



Es una de las especies mejor adaptadas a la vida en mi azotea. Sus flores me dejan sin adjetivos, y casi cada una se convierte en fruta... el año pasado recuerdo haberme comido 3, y cada una fue una fiesta. ¡Este año ya hay 4 creciendo alrededor de la ventana!

Es un gran descanso que la planta a la que menos esperanza le he puesto, menos atención y cuidados, sea la que más me ha dado incondicionalmente. Serán sus humores femeninos, su nombre apasionado, o simplemente que le gusta que le tomen fotos.


viernes, 27 de abril de 2012

Cotiledones

Pero como este blog no es de intentos literarios sino de intentos de ecologismo, basados en la idea de que todos podemos hacernos ricos, les cuento algo que también es producto de mis clases con el profesor Aguilar y de los innumerables bebés cadáveres que salen de mi azotea por falta de cuidados.

Resulta que cada vegetal cuando nace, cada semilla pues, lo primero son dos hojitas, a las que creo que se les llama "hojas falsas", que en realidad se llaman cotiledones y que tienen como función reconocer el planeta y decidir si a la planta le conviene o no vivir en él. Si hay suficiente agua, luz y aire; sin ser demasiada agua, luz o aire, el brote se quedará unos cuantos días y producirá después lo que se llaman "hojas reales" o, dicho coloquialmente, "plantitas".

 
Por ejemplo, las de la foto son de semilla de calabaza, que en México se llaman "pepitas". Nótese la forma parecida de los cotiledones a las dichas semillas, será que están listas a nacer desde la semilla y sólo están esperando la señal del planeta y los nutrientes para empezar a hacerlo.

Pero bueno, que qué les quiero decir con esto?

Que los cotiledones no son aún plantas, que hay que darles extra-cuidados, que no por haber salido podemos cantar victoria ni mucho menos, y que el paso de cotiledón a planta, o para el caso, de "plantita" a "planta" es mucho más difícil y azaroso que el de "semilla" a "plantita".

A mí se me han muerto legión, y siempre es por falta o sobra de algo. Lo que hablaba más abajo de proteger, es lo más cierto que se puede decir de la agricultura urbana.

Para terminar, más fotos de cotiledones en estos momentos de primavera en mi terraza:

Estas son las hojas reales de las pepitas empezando a nacer de entre los cotiledones. 


Estas ya se me olvidó qué son, pero han sobrevivido, que ya es bastante. Recuerdo haber sembrado brócoli, tomate, cebolla, y epazote y cilantro. Nótese que sólo sobrevivió la mitad de la charolita. 


Y estas son las hojas reales del brócoli, que ya son más grandes que los cotiledones y que son de "siembra  directa", que por cierto no sé si yo la hice o si se sembraron solas de las vainas de la planta de la que me hago los omelettes. 


Y por último, la "siembra indirecta" que tampoco recuerdo qué son, pero que también han sobrevivido, y que bien a bien no tengo idea de cómo voy a transplantar cuando crezcan un poco más: 



Viernes de quincena ecologista


Ante el enorme entusiasmo que me da ver que este blog tiene más entradas, en menos tiempo, que el de mis fallidos intentos literarios, os cuento lo siguiente (hay que hacer que los españoles también se sientan en casa, de ahí lo de os cuento, joder):

Hoy hice otro acto ecologista, que fue ir a ver la exposición del Dr. Atl en Tlatelolco, por medio del trolebús que pasa cerca de mi casa, cobra cuatro pesos, y cruza con el otro trolebús que va por el Eje Central Lázaro Cárdenas (se llama Corredor Cero Emisiones); mismo que deja en la puerta del Centro Cultural Tlatelolco, el que alguna vez fue la Secretaría de Relaciones Exteriores, que no se usaba desde el temblor del 85 y que ahora se ha vuelo a usar, sin saber yo a qué se deba que ahora sea habitable y antes no. Creo que es porque le pusieron luces en la fachada.

Y bueno, lo sensacional para cualquier ecologista es no contaminar; para mí, es ir más rápido que los demás coches y poderme burlar de ellos. Esta vez pude hacerlo de nuevo, tan o o más que si fuera en bicicleta.  El trayecto fue fantástico, rápido y fresco, tenía yo preparadas mis moneditas para pagar el pasaje, cosa que hice sin contratiempo. Delicioso el escuchar que prácticamente en cada alto el autobus detenía su motor eléctrico, dándole un sitio al silencio en esta ciudad, o a algo que se le parece.

Del Dr. Atl casi no puedo hablar, no me atrevería. Baste decir que me dio esperanzas en mi propia vejez, que pude sentir que reconocía ciertos paisajes de las alturas; que reverencié su pasión por Nahui Ollin y que le agradecí en el fondo de mi alma haber salvado el Ex Convento de la Merced, de donde hace unos años saqué unas fotos en este siglo distante y las monté en Panoramio. Es lo único que siento que lo ha ameritado. Voy a etiquetarlas algún día con "Gracias, Dr. Atl!"

Y bueno, el regreso no fue sin incidentes, pues no había tomado en cuenta que me iban a cobrar la entrada al museo, por lo que me quedé sin moneditas para el trole. Tuve que hacer uso de mi poder jedi para que en una cantina me dieran efectivo a cambio de mi consumo de cerveza y una propina. Con ello pude tomar los trolebuses y meterme a otra cantina cerca de mi casa a tomar cervezas y comer longaniza en salsa roja y pensar desde lo más profundo "Me encanta vivir en México".

Y claro, yo que me pongo bronceador para ir a la oficina -espero que sea biodegradable- por supuesto hoy no lo hice, y estas horas, ya estoy ardido.

lunes, 23 de abril de 2012

La solución, parte I

Ante mi desesperada lucha contra los gatos, propios y extraños, mi mujer ideó una solución que presento aquí, y que sin duda fue determinante en que existiera una cosecha decente y limpia el año pasado:



Ya después yo le coloqué unos toques ecologistas que facilitan su manejo:

La cubeta es una lombricomposta diseñada por el Profesor Aguilar. Ahí están "mis niñas" comiendo parte de nuestros desperdicios. 

Sin embargo, la vida en el campo es una lucha a muerte; los asesinos están en todos lados, y no hay malla que detenga a un enemigo lo suficientemente pequeño.



Así se ve una hoja de calabaza enferma. Nunca la pude comer.

Compartir o presumir?

La vida del ser humano interactivo y tuiteador, tiene entre sus características muchas que yo no poseo:

a) Habilidad multitasking para twittear, facebookear, y vivir al mismo tiempo

b) Dejos esquizoides, que permiten la adopción de personalidades distintas de acuerdo al medio al que se dirigen.

c) Compulsión fotográfica.

d) Deseo de "compartir" las imágenes resultantes.


Me pregunto siempre qué tanto del deseo de compartir lo es en realidad de presumir.

Así sucede con todo; de hecho, yo dejé de ver a mis amigos cuando me di cuenta que nuestras comidas eran cada vez más una competencia por ver quién daba el mejor vino y en mayor cantidad.

Desde entonces cocino para desconocidos y sigo dando vino barato.

Y bueno, yo he dejado de tomar fotos por lo mismo; me gusta hacer las cosas, no estarlas presumiendo.

Pero como no quiero quedarme rezagado del mundo, pongo aquí el 1, 2, 3 de un wok con brócoli que nos hicimos hace no mucho.









Jitomates en Diciembre

El año pasado, mal que bien, seguí mi cultivo ya no recuerdo de qué forma. El caso es que las fotos de recolecta de jitomates están fechadas en diciembre.

 


Curiosamente estábamos a punto de salir de vacaciones, mas yo no estaba dispuesto a dejar que mis jitomates tan largamente esperados se quedaran en el refri esperando la putrefacción. Así que los llevé con nosotros en el auto y unos días antes de Navidad me hice una ensalada frente al mar, con aceite de oliva y pimienta y sal.

Estoy seguro que gracias a los nutrientes orgánicos y naturales obtenidos a lo largo de los meses en mi azotea, fue que adquirí el tono rojizo adicional en mi bronceado playero.



Ah Caray

Veo con sorpresa que hay un número considerable de visitas a esta página (más de una por error, estoy seguro, o serán robots, o simples despistados); pero ante eso, el reclamo directo de algún twitero, mi vanidad y el ecologismo propio de estas épocas del año, vengo de regreso a contar mis aventuras.

Tendré que dejar de preocuparme por el valor literario de las entradas; estoy seguro que no tendrá ninguno. También tendré que dejar de preocuparme por tomar y poner fotos; lo haré a veces, pero eso no deberá ser impedimento para escribir algo. Finalmente, lo que yo quería de este blog era que que me sirviese como calendario; es decir, poder saber cuándo hice cada cosa para tener una idea un poco más precisa de qué está pasando en mi terraza.

Y bueno, seguiré comentando otras acciones ecologistas que realice, como irme en bicicleta a la oficina o no bañarme.

Así que queda aquí el compromiso por volver; en la entrada inmediata siguiente trataré de resumir qué pasó con la siembra del año pasado.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Tercera y última -por lo pronto-

La tercera confesión se desprende un poco de las anteriores, y es sencillamente que he callado mucho tiempo, quizás por la falta de noticias, pero no por la falta de intentos.

Sembré infinitas semillas, de albahaca, de espinaca, de brócoli. No sé si el gato las echó a perder; también pudo ser el clima, la falta de lluvia, todo combinado. Pero he visto crecer pequeños brotes, que no han llegado a nada. Un día están y al otro ya no. Ahí han quedado mis intentos.

Así que en este último arreglo, decidí separar las pequeñas hojitas, plantitas -ya no son brotes, tienen semanas, son las survivors- y sacarlas de la jardinera y meterlas a mi cocina. Afuera hace mucho frío. Hay poca agua y mucho sol. Una planta niña no la tiene fácil, las voy a ayudar.



Así las cosas. He aprendido que una buena jardinera no es el paraíso inmediato para las plantas. Hay que cuidarlas, protegerlas, procurarlas. Hay que esperarlas. Se tardan mucho en crecer, y más cuando cambia el clima. No son el supermercado. 

Pero así como es necesario atender y vigilar, sucede que de pronto la vida nos da regalos. Ahora mismo crecen allá arriba un jitomate espontáneo, lechugas que yo nunca sembré, y un "Vapo-rub", como le dicen en México, que también surgió por su propia entereza y voluntad. 

Ah! Y además ya está creciendo cilantro!! Y yo no lo sembré, o ya ni lo recuerdo. 

En fin. Hasta aquí las confesiones, y espero que con los arreglos nuevos vengan más noticias. 

Por lo pronto ahora conozco más los tiempos. Supongo que estas albahacas que ya cuido en la cocina estarán listas, más o menos, para el día de mi cumpleaños. 

Segunda Confesión

Esta es quizás, más importante.

Y es que todo este tiempo he estado luchando secretamente, y si no luchando al menos padeciendo, las andanzas de un gato -tengo que aceptar que, muy probablemente, es el mío- que trepa a una de mis jardineras y de vez en cuando escarba, de vez en cuando convierte mi super jardinera en escusado. No es muy frecuente, pero pasa, y es... se imaginarán, bastante molesto y poco saludable.

No es la jardinera del brócoli. Es más bien la de las hierbas, la del chile manzano que está del otro extremo, de la lavanda que no se come, de la ruda, que está ahí con la única misión de espantar los gatos.

En fin. El caso es que hoy, y siguiendo las máximas del ecologismo egoista, que dictan que hay que gastar lo menos posible y usar las cosas lo más, se me ocurrió usar las pencas de los agaves azules que podé para el invierno, para defenderme de tal plaga.

He aquí el resultado:





Como ven, hay restos del mini-invernadero que protege los brotes de albahaca desde la primera vez que las sembré. 

Finalmente mucho de este asunto es acerca de la protección. 

A las plantas, las semillas, los brotes, a las jardineras mismas. 

Hay que protegerlas. 



Cosecha y Confesión

Tengo un par de cosas que confesar. No son malas, ni buenas; son confesión simplemente porque he dudado en decirlas. Pensé ocultarlas, obviarlas. Pero no. Aquí van.

Primera: Jitomate.

Confieso que ha sido eterno. Que le he subido agua muchísimas veces. Que lo he esperado con ansia, emoción y gusto, sólo para ver cómo la planta se va acabando a sí misma en su empeño de hacer jitomates.

Finalmente hoy decidimos cosechar.

He aquí el resultado. Es cosa de ver la fecha de mi última entrada, y hacer cuentas.




No me arrepiento, no me parece mal. En mi terraza se ve muy linda la espontánea planta de jitomates.

Pero me gustaría saber cómo funcionan. ¿Realmente deben morir cada planta, luego de dar fruto?

Ya les reportaré a qué supo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Jarritos de Tlaquepaque: Jitomate y Cilantro - Reporte de otoño.

Me ha sido muy difícil cultivar jitomate.


El profesor Aguilar me ha regalado un par, ya sembrados, uno dió los 5 jitomatitos amarillos que están más abajo; sabían muy bien y sin duda estoy más fuerte gracias a ellos. Pero a la planta le pasó lo mismo que le pasaría después a todas las siguientes: al tener frutos en sus ramas, sus hojas se secan y la planta muere. No sé por qué me hacen eso.

Mi mujer sembró, como dije, unos cherries, que crecieron y murieron también tras dar fruto.


Pero lo más curioso es que en una maceta vi un día una hiedra muy fea, que arranqué de inmediato soprendido de que hubiera crecido tanto sin yo haberla visto antes.  Justo antes de empezar a romperla para ponera en composta, creí reconocer la forma de sus hojas. "No vaya a ser un jitomate" o más bien "ah caray esto tiene cara de jitomate, ¿será?" Y la trasplanté a una maceta exclusiva para ella, por no dejar.

En cuanto le tome foto la enseñaré aquí.

Resultó ser el jitomate más grande y fuerte que se ha dado en mi azotea. Uno o dos de sus frutos murieron en el camino a crecer, pero uno muy grande y bello ha sobrevivido y ya empieza a ponerse rojo. Lástima que sus hojas también estén secándose, no sé cómo hacer para que la planta sobreviva al parto, que será pronto.

Del cilantro ni hablar, ese ni sembrándolo ni transplantándolo ni nada.

Ahora viene el invierno, el frío, las secas.

Y en mis jardineras crecen nuevas albahacas que sembramos juntos un día y que cuidamos, acompañadas de un trío de cilantros espontáneos.

Me emociona mucho volver a tener en casa albahaca propia, y no se diga cilantro que he intentado desde hace años sin éxito alguno.

He cubierto las jardineras con un gran plástico para conservar un poco del calor y la humedad, que se van con prisas.

No quiero dejar de ser agricultor. Pero ser blogger es muy difícil. Hay que ser más dedicado, incluso, que para sembrar.

domingo, 15 de agosto de 2010

Otro día bueno.

El Profesor Aguilar -a quien nunca terminaré de agradecer- me quizo enseñar que el brócoli se debe recolectar antes de que se convierta en miles de flores. Yo esperaba que mis brotes de brócoli crecieran más, y bum! Explosión floral.

Así que, alarmado, corté los pocos que quedaban sin flor, aunque fueran chicos. El resto, el grandote, lo perdí. Las que están felices con mi descuido son las abejas, y supongo que esto me dará muchas semillas!

Floreado y sin florear.

Hoy descubrí, para mi sorpresa, lechugas accidentales en el huerto. En la maceta de la rama de durazno (que ya es todo un proyecto) había dos.


Y bueno, aprovechando que estaba solo para comer (creo que a mi mujer no le apetece comer del huerto citadino) decidí pasar el brócoli por el vapor, incluyendo las deliciosas hojas;  recolectar hojas de cada una de las lechugas que encontré y hervirme unas salchichas y comerlas con cerveza mexicana 100% malta.


Aquí está: Salchichas Frankfurt con pepinillos agrios, ensalada del huerto y brócoli al vapor, por cierto casi en flor. Lubricado con mostaza de Dijon y regado con cerveza Tempus, de pura malta. Muy recomendable.




No miento al decir que lo más rico fue el brócoli.



Puede parecer complicado, y hasta pretencioso, el comer del huerto, el beber cerveza artesanal, el preparar las salchichas con mostaza importada. 

Pero en realidad creo que es un regalo de nuestro tiempo, el saber que existe todo esto y tener acceso, buscar el modo de probar las cosas ricas que el mundo ofrece. Y es tranquilizador pensar que varias de ellas crecen en mi azotea. 

Creo que lo más bonito de todo esto es la sensación de libertad. 

De poder escoger lo que uno come. 

De saber de dónde viene, 

De entre todas las opciones posibles, 

Escoger la más cercana a uno, la más propia y la más placentera. 

viernes, 16 de julio de 2010

Tempo di Pesto- Receta incluida.

Todo hace sentido ahora.


Todos estos meses de espera.

La subida al huerto a media noche, ese domingo en que recordé que no había regado.

La lucha feroz contra los gatos, contra mi gato.

La siembra de Ruda para proteger a la albahaca.

Los intentos de germinar albahaca en almácigos, su riego diario. El amor perdido en tantas plantas que no lograron sobrevivir.

La albahaca sembrada directamente en la jardinera.  El yute colgado encima para proteger del sol directo. Las "niñas" -lombrices- que tengo ocultas en la biblioteca, con cuyos ácidos húmicos disueltos en agua riego de vez en cuando para fortalecer las plantas.

Las canciones de cuna.

La música italiana, mis clases de italiano.

El haber entrado a youtube buscando come si fa il vero pesto genovese.
http://www.youtube.com/watch?v=kh5svK9u3lI

El cosechar la albahaca así, joven.

Lavarla. Secarla.


Moler en un mortero 1 gran diente de ajo del mercado de Medellín, unos 50 gr. de piñones, una cucharadita de sal gruesa.

Añadir poco a poco las hojas de albahaca, moler con un movimiento circular presionador. Apartar por un momento.

 Poner un disco de son Jarocho para, llevando el ritmo y a manera de güiro, rayar queso parmesano italiano comprado en el mercado de San Juan. Rayarlo por todas sus caras para prolongar su conservación.

Incorporar el queso parmesano rayado al ajo, sal, piñones y albahaca -PREFERENTEMENTE SEMBRADA Y COSECHADA POR UNO MISMO UNA TARDE DE VERANO- aceite de oliva extra virgen, poco a poco, con el mismo movimiento circular.


Cuccinare la pasta della sua preferenza. Incorporare il pesto.


Lo voy a decir de forma simple:



El mejor pesto que he comido en mi vida entera.

Todo, de verdad todo,  hace sentido ahora.

Pesto Time, o Good things come to those who wait, part I

Bueno, finalmente, a primera hora de la mañana, justo después de que secó el rocío, decidí cosechar albahaca para hacerme un pesto.

Ok ok, en realidad no fue a primera hora de la mañana; yo estaba crudo y me levanté tarde;  además en México llueve sin parar en estas fechas, por lo que ni siquiera hay rocío. Es cierto que hay que cosechar en la mañana, pero yo lo hice a media tarde después de tomarme un par de clamatos revividores y de asegurarme que tenía el resto de los ingredientes necesarios.

Primero fui a comprar piñones. Me costó mucho trabajo encontrarlos pues en México, insisto, no conocen el pesto las señoras del mercado. La que me lo vendió me respondió, tras preguntarle, "sí, he oído de él, pero nunca lo he probado, ¿usted guisa?".

Sobre la albahaca, me mandó a comprarla seca, con los "hierberos". En mis adentros me reí y me fui a cosechar a mi casa.

Por cierto este es el estado de mi huerto:


Betabel Betabelito


Estoy empezando a dudar respecto a mis planes de conquistar la economía mundial (o de al menos transformarla) por medio de la ecología y la agricultura urbana.

Tras varios meses de defenderlo de toda clase de ataques, coseché un betabel.

Muy rico, muy saludable, seguramente lleno de nutrientes mágicos.
Pero chiquito, muy chiquito. Como verán.